Ataque súbito de primavera
Mis días deberían tener 27 horas para que me diera tiempo a cumplir con todas las tareas encomendadas y mis fines de semana tendrían que durar cuatro días para que generaran un auténtico descanso en mi mente. Apenas puedo pararme a pensar que el mundo es más que una autopista, una oficina, unas clases de idiomas y una cama vacía.
Uno de esos escasos momentos de conexión con la realidad me lo proporciona el paseo que todos los viernes me lleva de la clase de francés a mi casa. Es entonces cuando veo a personas desconocidas que se mueven libremente, como si no estuvieran sujetas a nada, que no tienen nada que ver con mi trabajo. Todo lo contrario de mi día a día.
El último de estos paseos me permitió pensar en la llegada de la primavera. Al contrario que en otras ocasiones, el pasado viernes no llovía, el sol todavía no se había acostado. La gente no se tapaba con cálidas prendas, sino que aprovecharon para sacar por primera vez en el año las prendas de verano; camisetas, pantalones cortos, tops, minifaldas, tirantes, gafas de sol. El calor había irrumpido súbitamente y las personas que habitan la ciudad no desaprovecharon esa oportunidad. Todos añoramos el verano, esos días largos sin fin, con tardes para hacer lo que quieras.
Necesito romper con la rutina. Me está matando.
Uno de esos escasos momentos de conexión con la realidad me lo proporciona el paseo que todos los viernes me lleva de la clase de francés a mi casa. Es entonces cuando veo a personas desconocidas que se mueven libremente, como si no estuvieran sujetas a nada, que no tienen nada que ver con mi trabajo. Todo lo contrario de mi día a día.
El último de estos paseos me permitió pensar en la llegada de la primavera. Al contrario que en otras ocasiones, el pasado viernes no llovía, el sol todavía no se había acostado. La gente no se tapaba con cálidas prendas, sino que aprovecharon para sacar por primera vez en el año las prendas de verano; camisetas, pantalones cortos, tops, minifaldas, tirantes, gafas de sol. El calor había irrumpido súbitamente y las personas que habitan la ciudad no desaprovecharon esa oportunidad. Todos añoramos el verano, esos días largos sin fin, con tardes para hacer lo que quieras.
Necesito romper con la rutina. Me está matando.






